La mente, por naturaleza, es absolutamente pura. Solo por la influencia de la mala compañía se vuelve perversa. Por ejemplo, si envolvemos flores de jazmín en un periódico, este adquirirá la fragancia del jazmín. Del mismo modo, si envolvemos pakodas (un sabroso manjar de la India), el periódico emitirá el olor de los pakodas. El periódico en sí mismo no tiene olor; lo que sea que se envuelva en él, le transmite su aroma.
Así también, si nuestra mente sigue el sendero noble y la asociamos con todo lo bueno, entonces la mente se volverá buena. ¿Qué es ese sendero noble? ¿Hasta qué punto se ennoblece nuestra mente cuando la vinculamos con sentimientos sagrados, pensamientos elevados, conducta noble, buena compañía, actividades espirituales, valores morales y acciones rectas?
Por el contrario, cuando la asociamos con cualidades perversas, pensamientos dañinos, mala compañía y conducta torcida, la mente se vuelve extremadamente perversa. De hecho, ¡se vuelve demoníaca! No hay nada bueno ni malo en la mente en sí misma. Solo por las influencias, buenas o malas, la mente se transforma en buena o mala.
Si queremos que nuestra mente sea buena, debemos elegir la buena compañía.
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
— Discurso Divino, 23 de junio de 1996