En esta Pascua, el llamado no es solo recordar a Jesús, es encarnarlo: en el amor, en el servicio, en la unidad.
Porque, como enseñó Baba, el verdadero renacimiento ocurre dentro de nosotros.
“La celebración debe consistir en adherirse a sus enseñanzas… y experimentar la conciencia de la Divinidad.”
Sathya Sai Baba. Divino Discurso, 24 de diciembre de 1972. El que Cristo anunció

“Jesús sabía que Dios ordena todo. Así, aun en la cruz, cuando sufría la agonía, no abrigó ningún mal deseo contra nadie y exhortó a los que estaban con él a tratar a todos como instrumentos de la voluntad de Dios. “Todos son uno; sean iguales con todos.” Practiquen esta actitud en su vida diaria. Por cierto que es difícil desarrollar una fe sin vacilaciones en esta gran verdad. La mente, como se quejó Arjuna, oscila entre creencia y duda, va de una afirmación a su negación, y esto causa desorden y confusión; pero hay un método con el cual puede ser conquistada. El abejorro puede hacer un hueco en el árbol más duro; sin embargo, cuando llega el crepúsculo y está sorbiendo el néctar de la flor de loto, como resultado los pétalos se cierran sobre el abejorro y éste se encuentra aprisionado sin ninguna esperanza de escapar. ¡No sabe cómo enfrentar la suavidad! Así también, la mente puede poner en juego sus trucos y saltar desenfrenadamente en cualquier terreno; cuando se le coloca a los pies del Señor, se vuelve inactiva e inofensiva. Para ofrecer en su totalidad la mente al Señor, es necesario un profundo desapego de los deseos mundanos. La devoción superficial o la constancia sin profundidad no pueden tener éxito. Para hacer caer el duro árbol de sándalo, se necesita un hacha pesada y fuerte. Ése es el privilegio de esta etapa de sus vidas: cultivar este desapego, someter los caprichos de la mente y manifestar la Divinidad que está latente en ustedes. La Divinidad, cuando se expresa en la acción, florece en servicio amoroso a sus semejantes. Vuelve el corazón puro, libre de orgullo y codicia.
Jesús vagó con un propósito determinado por sitios solitarios por doce largos años, entregado a estudios, ejercicios espirituales y meditación en Dios. Por supuesto, uno debe proteger y preservar el cuerpo, que es un regalo divino, un bote equipado con instrumentos con el cual el hombre puede cruzar el mar del cambio perpetuo y alcanzar la Divinidad. Esta meta de la vida tiene que ser alcanzada antes que el cuerpo bote comience a hacer agua y se desintegre a causa de la enfermedad, la pereza y la senilidad. La salud física, mental y espiritual tiene que ser fomentada con especial cuidado. Sin embargo, uno tiene que estar listo para desechar el cuerpo en defensa del dharma (el bien) o de Dios. Tengan a Jesús como un ideal para esto. Él exhortó a todos a observar las enseñanzas de las antiguas Escrituras y a obtener paz y alegría de ello.”…
Sathya Sai Baba. Divino Discurso, 24 de Diciembre de 1980. El significado de la Navidad
https://saibabadice.org/14/60.htm